



El peeling es un procedimiento que consiste en aplicar sustancias químicas sobre la piel para conseguir una renovación de las capas dérmicas, lo que favorece su consistencia, consigue una uniformidad de la tonalidad y una mayor hidratación. Esta técnica se realiza de forma ambulatoria y existen distintos tipos de peeling dependiendo de las diferentes sustancias aplicadas:
Peeling superficial:
Está indicado para la corrección de arrugas finas, acné (activo, leve o moderado), fotoenvejecimiento, envejecimiento cutáneo, pieles asfixiadas por tabaco, estrés.... Se aplica en varias sesiones cada dos semanas (tiempo necesario para la recuperación de la piel). Sólo se produce un leve enrojecimiento que desaparece al cabo de pocas horas, por ello con este tipo de peeling no quedará interrumpida la actividad social.
Peeling medio:
Se estimula la formación de colágeno, elastina y ácido hialurónico. Está indicado, por ejemplo, para corregir manchas de la piel, arrugas medias o secuelas de acné. Se realiza en una sola sesión o en cuatro sesiones, dependiendo del ácido o de la patología a tratar. Después del tratamiento la piel queda enrojecida durante aproximadamente cinco días, con desprendimiento de "pielecitas" secas en este período. Una vez concluida esta fase, la piel muestra un color uniforme, más luminoso y se percibe una mejoría importante en su elasticidad y tersura.
Peeling profundo:
Si se continúa añadiendo capas de ácido, se aumenta el tiempo de exposición o se utilizan ácidos más cáusticos, se considera que el peeling es profundo. En este caso, trata un nivel de la dermis más profundo (se puede llegar a "licuar" la piel, produciendo así un "liftinginterno").
Está indicado para pieles muy fotoenvejecidas, con arrugas muy profundas y queratosis(formaciones abultadas y oscuras en la piel) importantes. Una vez realizado el tratamiento, se coloca un vendaje durante 1 ó 2 días. La piel queda enrojecida durante unas semanas hasta que se reepitaliza. Los resultados son espectaculares.
La elección del peeling vendrá determinada por factores como la clasificación de la piel, el historial clínico, la edad y el estado cutáneo.